viernes, 20 de abril de 2012

Introducing Candi


31 de Julio de 2008:
Como ensalada mientras pienso en Candi.
Candi: Mi perrita; raza perro, 9 meses, o quizás 10, amarronada, hermosa, inquieta (hasta el límite de lo inquieto), en fin, la mascota que siempre quise tener.
Durante toda mi vida, fui viviendo en diferentes casas pero lamentablemente en ninguna de todas las que recorrí pude tener mascota. Hoy, a 8 meses de estar en una nueva casa, reconozco que tener un perro es lo mejor del mundo, es la mejor decisión que pudo haber tomado mi abuela aquel 09 de diciembre en el parque centenario, mientras yo, estudiaba en casa para interminables finales.
Cerca de las 3 de la tarde, entre destinos y atractivos turísticos, recibo el llamado de mi abuela, que estaba con mi tía en el hospital Pasteur “mirando” perritos.
Mi abuela, aún mas indecisa que yo en todos los aspectos de la vida, simplemente llamaba para recibir mi aprobación y mi pedido desesperado de “TRAEME UNO!! POR FAVOR QUIERO UNO!!”
Y así fue. Así de predecible soy que le dije todo lo que ella esperaba escuchar, así que no dudé en dejar los apuntes en la mesa, decirle adiós a la geografía turística y tomarme el primer colectivo que me deje allí, para elegir un perrito. Mi perrito.
Se ve que demoré, porque cuando llegué ví a las dos chicas con un perro en brazos.
Pero ojo, este no era un perro común y corriente, era el primer perro que iba a tener en mi vida (aunque, mas adelante hablaré de esto: en realidad una vez cuando era muy chica si tuve un perrito, pero por muy poco tiempo asi que no cuenta).
Era el primer perro, y el perro mas lindo que había visto alguna vez, y encima iba a ser mío!
Cuando me acerqué, me lamió la cara y me contaron que era una perrita, y que tenía aproximadamente 3 meses. A partir de ese momento, somos inseparables.
En el camino de regreso a casa, la llevaba en brazos y cada persona que pasaba por mi lado, la elogiaba, y yo, obviamente la mostraba mas!
Cuando llegó Marti a casa (mi novio, al que le habia pedido un perrito y me lo habia negado) se entusiasmó de tal manera, que hasta se olvidó de saludarme.
Y así llegó candelita a casa. Y puedo asegurar que es una de las perras mas felices del mundo, la mimamos mucho y nos duele retarla.
Y allí justamente reside el problema: Para que un perro aprenda, hay que retarlo. Hay que pegarle mil veces hasta que entienda, hay que retarlo y pegarle para enseñarle y yo no puedo. Y ese es el meollo del asunto. Gracias a que no le pegué (casi) nunca, ahora hace lo que quiere con mis cosas.
Ya perdí la cuenta de todo lo que se comió, rompió, mordió, pilló, en fin, todo lo que resigné por ella.
Así que ese es el motivo de mi blog: Hacer catarsis para aprender a retarla, desahogarme cada vez que llego a casa y está todo mordido en el piso.
Espero que eso al menos me ayude

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